EL ABANDONO

En torno a la adopción, considero que existen una serie de ideas, afirmaciones, valores…que hasta el momento ni se han interrogado, ni se han cuestionado. Es lógico pensar que estas apreciaciones en torno a lo que supone la adopción de un menor, estén fuertemente enraizadas en la población y que desde ahí se transmitan unas impresiones erróneas en relación a este hecho.

Lo que me parece llamativo y en cierta medida preocupante es que estas impresiones están también fuertemente ancladas entre los técnicos y profesionales (sobre todo entre aquellos que trabajan en el ámbito de la salud mental que es lo que conozco más) que se ocupan de la atención de los menores que han vivido esta situación.

Ciertamente me parece que en relación a la adopción existen una serie de MITOS algunos de los cuales se han convertido en teorías (supuestamente científicas) y otros en “verdades” colectivas que se transmiten mecánicamente sin que exista un cuestionamiento acerca de la veracidad de los mismos.

EL MITO

Tomo el concepto de Mito desde la perspectiva en que Bruno Betelheim lo describe en el texto que escribió: “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”.

Él trabajaba con menores utilizando como herramienta terapeútica los cuentos para ayudar a estos a entender la situación que estaban viviendo o ( a través del lenguaje metafórico del cuento) comprender el conflicto o el sufrimiento que estaban atravesando por la circunstancia que fuera. El mismo Bruno Betelheim perdió a sus padres a una edad muy temprana porque fueron asesinados en un campo de concentración nazi.

Bruno Betelheim plantea que, a diferencia de los cuentos, los mitos SIEMPRE tienen un trasfondo dramático (y hasta trágico).Fijémonos sino en el mito de Edipo.

Freud tomó del mito de Edipo la posibilidad de construir uno de los núcleos centrales del psicoanálisis: La teoría que hace referencia a que TODOS los niños en una determinada etapa de la infancia, atraviesan un proceso (inconsciente) que consiste  en el hecho de que se enamoran perdidamente de su madre. A este proceso lo nombró como “transferencia edipica” en la relación con la madre.

Pero fijémonos. Edipo es un mito griego que fue escrito por Sófocles como una tragedia. De hecho el relato no es solamente dramático sino que es verdaderamente desgarrador.

Es Edipo un niño que crece con unos padres que piensa que son sus padres originarios. Cuando alcanza la mayoría de edad se va de casa en busca de fortuna. Por un camino hacia una ciudad se encuentra con un carro que le cierra el paso y le impide seguir. En él viaja un acaudalado señor que le niega el paso. Edipo se enfrenta a él y lo mata.

Edipo sigue su camino y llega a la ciudad más cercana. En ella, después de un tiempo conoce a la reina que gobierna en ella, se enamora perdidamente y se casa con ella.

Contado de esta manera, es un precioso cuento con un final feliz (“y todos comieron perdices…”). Pero lo que no sabe Edipo  (de ahí que Freud plantee esto como un proceso puramente inconsciente) es que aquél señor al que anteriormente mató, era su padre y aquella bella mujer con quien se casó era su madre.

Cuando Edipo descubrió esta verdad, se arrancó los ojos y se exiló fuera del reino viviendo aislado el resto de su vida.

Esta historia tiene, sin embargo un final feliz ya que en su vejez, Edipo se convirtió en un sabio…¡pero a costa de cuanta tragedia!.

LA ABUNDANCIA Y EL AMOR

Cuando utilizo estos conceptos, me refiero al hecho de que se han convertido en “creencias” en no pocas familias que adoptan. Pero ¿Qué son la abundancia y el amor planteados como mitos o creencias?.

Cuando utilizo el concepto o significante “abundancia” me dirijo a la creencia de que por el hecho de que nuestros hijos hayan vivido en países pobres (me remito básicamente al proceso de adopción internacional) y hayan sufrido de carencias materiales y/o físicas; una vez adoptados el hecho de que les demos todo lo que no han tenido (casa, comida, juguetes, ropa…y de la cara,  una escuela y también de las caras…..) todo eso va a solucionar el conflicto que traen y que  estaba presente antes de que nosotros llegáramos a sus vidas.

Esta impresión es un MITO y de los grandes, dado que lo material no va resolver (de ninguna de las maneras) esa falta, que no es prioritariamente de cosas materiales.

Por otro lado existen también familias que creen que dándoles mucho, mucho, mucho….(hasta el infinito)AMOR, ese conflicto con la falta de familia original que tuvieron se va a solucionar. Estas familias son más conscientes de que lo material ayuda, pero no es esencial y que lo que sanará ese “agujero afectivo” será todo el amor que podamos darles.

Estas dos creencias que considero, están  presentes  entre las familias que adoptan, se “alimentan” en las ideas colectivas de:

  • “Que suerte ha tenido esta criatura de poder tener unos padres que le dan de todo, con la miseria en la que vivía en……(pongámosle el nombre al país del que viniera)”.
  • “Que suerte la de esto niño que vivió sin padres en….con todo el cariño que le dan estas personas que le han adoptado”.
  • “Que suerte la de esta familia que no podía tener hijos y cómo le cuidan a esto….como si fuera…..suyo”.

En fin, toda una serie de prejuicios (entendidos estos como ideas preconcebidas) que se expresan sobre todo por la ignorancia que existe acerca de la situación de los menores.

Las propias familias que adoptamos desconocemos las circunstancias en las que han vivido nuestros hijos antes de que llegáramos a sus vidas (al menos en muchos de los casos) y que efectos van a tener con posterioridad esos hechos en sus vidas. Porque lo fundamental es comprender cómo esa ausencia de sus familias originarias ha sucedido (en la mayoría de los casos) en los primeros años de vida que son los fundamentales para la construcción de la estructura de la identidad.

Nuestros hijos no comprenden este hecho aunque se lo tratemos de explicar con claridad. Este es un hecho que, no pocas veces, se acentúa cuando viven las nuevas experiencias en nuestros países. Es decir, la sensación de que a ellos les pasa o les pasó “algo” porque no son como la mayoría de los niños de su entorno (más o menos: niños que han vivido siempre con sus familias).

EL ABANDONO

El mito más falaz de todos ellos me parece este. Es esta una creencia profundamente interiorizada en la población (hay una idea generalizada de que todo menor adoptado “fue abandonado”) y lo problemático no es solo que sea una creencia generalizada sino que los propios medios de comunicación alientan esta idea transmitiendo sistemáticamente este concepto cada vez que aparece una noticia de este tipo…además los propios profesionales que trabajan con los menores en conflictos relacionados con la adopción, se adscriben a teorías que afirman que los menores adoptados en el fondo se sienten abandonados pero que esto es algo que se puede “superar”.

Incluso en algunos foros de menores adoptados se muestran partidarios de estas teorías.

Mi impresión, por lo que observo en las terapias con menores que fueron adoptados es que (efectivamente)en algunos de ellos a un sentimiento “abandónico”, incluso algunos hablan abiertamente de “abandono”…pero en un proceso terapeútico NUNCA me quedo ahí. Siempre cuestiono, siempre pregunto acerca del significado que para cada sujeto tiene esta idea.

Al ser esta una impresión sumamente generalizada en la población (adopción=abandono), los menores interiorizan muy fácilmente esta creencia. Pero, lo que creo que es importante es descubrir cuáles son los sentimientos genuinos en cada uno.

Hay que cuestionar esta idea y esta teoría porque la mayoria de los menores adoptados no fueron abandonados, o si lo fueron, pero de una forma en la que no se entiende habitualmente.

Pero ¿qué significa abandono, en realidad?. Según el diccionario etimológico, Abandonar es originario de abandonner que es un derivado de laisser á bandon es decir: dejar en poder de alguien (bandon=poder,autoridad).

Hoy en día, abandonar tiene un significado diferente. Es como dejar desamparado a un bebé en la calle sin que nadie pueda atenderlo.

Hay muchas formas de abandono y este no tiene porqué manifestarse de esa manera puesto que un menor puede estar viviendo con su familia de origen y no estar siendo atendido o cuidado, es decir “está abandonado” a pesar de que vive con ellos.

Lo dificultoso de abordar este mito es que para los menores adoptados es muy fácil adscribirse a esta creencia básicamente para darle algún sentido a ese “sin sentido” que fue el comienzo de su vida marcado por el hecho de la separación de su familia originaria.

Este paradigma mítico (por aquello de lo trágico) tiene que ser cuestionado porque debemos dar la oportunidad a los menores de que se interroguen hasta lo más íntimo de si mismos. Es decir, ¿Qué sentimiento más genuino esconde esta impresión de haber sido abandonado: No me siento querido, no tengo derecho a que me quieran, en el fondo no soy deseado, qué hice yo para que esto fuera asi, debo ser muy malo…?

Más allá esto, ¿qué verdad subjetiva sustenta esta impresión de si mismo?. ¿Qué sostiene esto y porqué lo sostengo?.

Como vemos, si ahondamos un poco más, se abren infinidad de interrogantes que, creo, es necesario plantear para que nuestros hijos encuentren la verdad sobre si mismos.

Esto es lo que nos corresponde a las personas adultas que tenemos responsabilidades sobre ellos (terapeutas, educadores, familias…). hemos de darles la oportunidad de que se cuestionen lo que creen que viven o sienten. Si tenemos la oportunidad de investigar en sus orígenes hemos de ayudarles a descubrir la verdad de lo que les sucedió a  sus familias originarias para que no interpreten la realidad desde la estrecha franja del “abandono”( que a lo mejor no sucedió) y puedan, así, restituir a sus familias de origen el lugar que les corresponde y restituirse  a si mismos el lugar que también les corresponde en este mundo.