Uno de los significantes que más se repiten en aquellas cuestiones relativas al fenómeno de la adopción es la palabra ABANDONO. Significante muy reiterado en el discurso de nuestros hijos adoptados, pero significante muy repetido también en las instituciones y profesionales que se ocupan de la atención de estos menores.

Puede parecer que la realidad de nuestros hijos e hijas adoptados gira exclusivamente alrededor de este….¿sentimiento?, ¿pensamiento?, ¿certeza?, ¿pulsión?….

¿Admitimos como una realidad o una verdad tal significante porque nuestros hijos hablan una y otra vez de que fueron (o se sienten) abandonados?.

¿Aceptamos este hecho porque quizás algún profesional que a atendido a nuestro hijo refiere que el abandono es algo que puede superarse?.

Quizás asumimos que el abandono es una realidad que nuestros hijos necesitan superar dado que expresan con tal vehemencia su angustia que ni siquiera cuestionamos si forma parte de su realidad.

¿Pero cual es la realidad?.

En la mayoría de casos de la adopción internacional, la realidad es que se desconoce en que condiciones se produjo la separación de los menores de sus familias originarias y (en no pocas ocasiones) ni siquiera se conoce a estas.

Damos por bueno algo que desconocemos y que juzgamos sin ni siquiera interrogarnos del porqué de esta representación.

Lo cierto es que desde esta actitud no exenta de prejuicios, estamos determinando una realidad que (en muchos de los casos) desconocemos completamente.

Desde luego, teniendo en cuenta la situación económica, politica,social…de los países de los que provienen nuestros hijos no sería raro poder pensar que la pobreza puede ser uno de los factores que determinan que una madre opte por separarse de su hijo. Pulsión de vida para que este pueda sobrevivir ya que (a lo mejor) ella no puede cuidar de el/ella debidamente.¿Sería esto abandono, o es más bien un deseo de vida de la madre por una cuestión de pura supervivencia?.

Existen otros casos en los que los menores no pudieron ser atendidos por sus madres dado que estas padecían algún tipo de trastorno psiquico o fisico que les impedía cuidar debidamente a estos (madres con problemas   de alcoholismo como ha sido bastante común en  las adopciones de la antigua Unión Sovietica). En estos casos, no obstante el propio estado o algún tipo de institución se ha responsabilizado de retirar la tutela a la familia correspondiente (en estos casos estas madres no tienen ni tan siquiera la capacidad de decidir acerca del futuro de sus hijos).

Y, lógicamente, existen madres que como no tienen ningún deseo de que ese hijo tenga un lugar en su vida; prescinden de ellos, los abandonan.

Estamos hablando de cuidados, atención, protección para poder determinar que un menor es tutelado por quien es su familia, pero en este sentido hay que entender que un menor es en realidad más que eso: es un sujeto en desarrollo que precisa no solo de comida, cuidado, descanso….sino de la palabra, es decir de la construcción de un mundo simbólico que es el que le hará comprender la complejidad de la vida cuando sea adulto.

Pero parece que estamos atrapados, más bien, en una idea de que abandono está relacionado fundamentalmente con esa falta de cuidado y atención.

Al plantearme que el abandono es un significante con una carga mítica importante me remito a la concepción que Bruno Bettelheim (autor de Psicoanálisis de los cuentos de hadas) tiene de este concepto.

Para Bruno Bettelheim el mito está ligado a lo trágico; y toma como referente las tragedias griegas para poder entenderlo.

Es curioso porque también Sigmund Freud, para construir uno de los núcleos centrales de la teoría psicoanalítica (la etapa edípica por la que todos-sin exlusión-transitamos) toma como referencia el mito “trágico” de Edipo (vive con una familia que lo  acoge y adopta, mata a su padre originario y después se casa con su madre….y cuando conoce la  verdad, se arranca los ojos y huye de su reino convirtiéndose en un eremita…..).

Lo que quiero decir con esto de lo mítico de la representación de la realidad de nuestros hijos es que tanto estos como las propias familias adoptivas dotan de una impresión “trágica” a una experiencia que yo prefiero definir como de separación radical de sus madres.

Para un menor es fácil construir esta idea de haber sido abandonado, ya que es lo que le da la posibilidad de dar un significado a algo que ellos no terminan de comprender hasta que son adultos.

Un menor (lógicamente) no entiende como no ha vivido siempre (como la mayoria de los menores que le rodean) con su familia originaria. Como en la mayoría de las ocasiones esa separación se produce en los primeros años de vida, todavía el menor es incapaz de comprender este hecho.

Como en la estructura social que le rodea la idea fundamental es que un menor que ha crecido en un orfanato o una familia de acogida ha sido abandonado siempre, nuestros hijos interiorizan con mucha facilidad esa idea y la hacen suya. Es esta la representación social que existe en relación a la adopción.

Más aún  si los profesionales y/o instituciones que les atienden también favorecen esta idea basándose incluso en discursos teóricos concienzudos (La resiliencia y otras teorías que están muy de moda en estos diez últimos años, p.ej), refuerzan sin complejos esta idea que considero ha de cuestionarse.

Para mi, el abandono es un significante que tiene múltiples significados (tantos como sujetos separados de sus familias originarias) y esta es la idea central que quisiera transmitir.

Como decía antes si para dotar de significado a algo incomprensible un menor adopta el significante de abandonado como la verdad que guía su vida, es necesario profundizar en la verdad de ese deseo (¿Por qué deseo sentirme abandonado?,¿Cuál es el sentimiento más genuino que está oculto?…).

Cuando en una psicoterapia profundizamos en este hecho es muy habitual que afloren sentimientos como: “no me siento querido”, “me siento rechazado”, “si me abandonaron una vez puede que no quieran saber de mi”, “algo malo debí de hacer para que mi madre no quisiera saber de mi”, “soy malo porque hasta mi madre me rechazó”.

Es decir, esa multiplicidad de significantes ligados a la idea imaginaria del abandono son las que hay que indagar, cuestionar, relativizar e interrogar con los menores y a veces con las  familias de estos.

Si tenemos datos fehacientes de que efectivamente nuestros hijos fueron “abandonados” (en el sentido de que no tuvieron un lugar en el deseo de sus familias y estas les “abandonaron a su suerte”) pues habrá que ser claro en la transmisión de esta realidad. Nuestros hijos tendrán que asumir que no tuvieron ese lugar (Que, por cierto, esto si que es trágico para un menor) y aprender a vivir con ello.

Pero la impresión general que tengo es que muchas de las veces se utilíza este argumento para solapar algunas cuestiones que pueden resultar más complejas de comprender en la realidad de nuestros hijos.

¿Qué hay abandono de menores en el mundo?. Indudablemente hay abandono, explotación, utilización, violencia…y muchas más cosas que colocan a los menores en situación de desamparo.

Pero la concepción en la mentalidad “occidental” (y etnocéntrica) de lo que significa abandono está lejos de la realidad. Como ejemplo leamos el significado de abandono en el diccionario etimológico de la lengua castellana.  Para nada se ajusta a la concepción de abandono como “menor dejado a su suerte en cualquier rincón”.

En este sentido adopto también el significante de Mito para describir mi impresión.

Asi creo que lo fundamental es cuestionar más allá de la idea preconcebida para poder  avanzar en la exploración de la realidad de la adopción. De esta manera podremos favorecer y  comprender algo tan incompresible como es esa separación (forzada, forzosa, deseada…) a la que se han visto sometidos nuestros hijos y sus consecuencias en la vida adulta.